
Si la parábola del hijo pródigo es el «evangelio del evangelio», su resumen más elocuente, sin duda el padre que ahí se describe es la mejor descripción que el evangelio nos ha dado de Dios Padre. Se trata de un padre cuya misericordia excede no sólo la comprensión del hombre, sino también la fe del creyente. Porque es una misericordia asociada a algo más admirable que ella misma y sobre lo cual apenas se habla, algo que el simple concepto de misericordia no incluye: la alegría que Dios experimenta al perdonar a sus hijos, el hecho portentoso de que unas criaturas puedan afectar así al Creador. ¿Dios, impasible? No se es padre impunemente: el amor ha hecho vulnerable a Dios, lo ha hecho capaz de alegría y de sufrimiento, porque lo ha hecho extremadamente sensible al amor o desamor de sus hijos. En su larga y honda meditación, nada convencional por cierto, Cabodevilla ha contemplado detenidamente al padre de la parábola como imagen privilegiada de Dios Padre, una imagen que es no sólo la más reveladora y fidedigna de todo el evangelio, sino también la más asombrosa, la más desconcertante.
La mayoría de las personas conocen los diez mandamientos desde su infancia y los relacionan frecuentemente con recuerdos negativos.
Sin embargo, estos pilares fundamentales de la ética cristiana son capaces de mucho más que prohibir y proscribir: nos dan seguridad y nos orientan en un mundo lleno de posibilidades y opiniones. A pesar de contar con los mandamientos durante tres mil años, no han perdido actualidad, y cobran más validez que nunca en esta época de globalización.
Anselm Grün demuestra en este libro la forma en que los diez mandamientos pueden ser interpretados como camino hacia la libertad para cada individuo y la manera en que pueden ser integrados como una ayuda práctica en la vida diaria.
El contenido de este libro quiere ser una sencilla explicación de aquellos elementos de diálogo entre Dios y el hombre, personas en continua relación. Se hace presente la persona excepcional de María de Nazaret, Mujer siempre en diálogo con Dios y con el hombre. Para ello se traen al recuerdo las verdades de fe necesarias para que esa relación vital se entienda siempre; también en la postmodernidad.