
San Zenón ocupa el octavo lugar entre los obispos de Verona, según tradición de esta Iglesia. La época de su pontificado cabe situarla entre los años 360 y 380 aproximadamente. También según tradición de la misma Iglesia, san Zenón procedía de África, razón por la cual en la Basílica a él dedicada se le representa como un hombre de raza negra.
La fuente principal para conocer a este Santo Padre está en sus propios sermones, redactados con fuerza y elegancia –según expresión de Newman–. En ellos se revela la fuerte personalidad y el carácter apasionado de un verdadero pastor, preocupado por alimentar a sus fieles con la auténtica doctrina de Cristo. Especialmente emotivas son sus palabras cuando que se dirige a los neófitos.
Esos mismos sermones ponen de manifiesto que su autor era hombre culto, conocedor de los escritores eclesiásticos, sobre todo latinos (Tertuliano, Cipriano, Lactancio, Hilario, Gregorio de Elvira), y familiarizado con los clásicos paganos (Virgilio, Horacio, Ovidio, Cicerón, Séneca, Apuleyo); sus conocimientos, por lo demás, –sin olvidar la filosofía– se extendían también a otros ámbitos muy diversos.
El sermonario zenoniano lo componen 94 tractatus (u homilías), testimonio vivo de la actividad pastoral de un obispo extraordinario. Se advierte en ellos una especial preocupación por explicar al pueblo pasajes del Antiguo Testamento –preocupación que comparten también otros obispos del siglo iv, como san Ambrosio y san Gregorio de Elvira–. La convergencia en Cristo de toda la Escritura, Antiguo y Nuevo Testamento, preside siempre la hermenéutica zenoniana. Los Testamentos son dos –dice–, pero uno solo el testador. El testador es Cristo, a quien aplica las figuras del pez, de cuya boca han salido dos denarios, esto es, los dos Testamentos; del padre de familia, que saca de sus tesoros cosas nuevas y antiguas; de la pluma de escribano, que ha sido cortada y tiene dos vértices en su punta con los que dibuja un sola letra, un solo Cristo, Hijo de Dios… los cuales no pueden ser útiles uno sin el otro, porque, así como el nuevo [Testamento] da fe del antiguo, del mismo modo el antiguo ofrece testimonio del nuevo, como está escrito: Una sola vez ha hablado el Señor y estas dos cosas hemos oído (Sal 61, 12).
A la riqueza doctrinal que ofrecen los tratados de Zenón, tanto en el ámbito dogmático como en el de la teología moral, añádase la singular importancia que adquieren los sacramentos de la iniciación cristiana. El bautismo es tema central en estos sermones, en los que aflora con abundancia la doctrina de san Pablo:
«Porque vuestro hombre viejo (Col 3, 9) ha sido felizmente condenado, para ser absuelto, habiendo sido sepultado en el agua de un mar sagrado, de modo que, vivificado en el nido del sepulcro, disfrutara de los derechos de la resurrección».
Y, junto al bautismo, la eucaristía:
«…después de que vuestras almas nacieran a la esperanza de la inmortalidad por el lavacro de vida de la blanca fuente, de la que, quienes erais de diversa edad y de diversa nación, salisteis de inmediato como auténticos hermanos, como niños engendrados al mismo tiempo, a vosotros os exhorto a celebrar la fiesta de un nacimiento tan grande con un gozoso convite…, con una comida celeste, pura, saludable y eterna; recibidla con hambre para que podáis estar siempre saciados y ser felices.
»El padre de familia [Dios Padre] os da de su mesa el pan y el precioso vino de sus frutos».
Relato de la vida de San Agustín desde dentro y vista por él mismo. Es el recorrido de su alma hasta encontrarse con Dios, una conversión que tarda años.
Es el relato de la vida de San Agustín desde dentro y vista por él mismo. Es el recorrido de su alma hasta encontrarse con Dios, una conversión que tarda años. Manifiesta sus tentaciones, el dejarse llevar por la pasión, su afición al estudio de la filosofía para descubrir la verdad; cuenta la amistad que le une a sus compañeros... Agustín se gana al lector, que se siente cercano a él y a quien le interesan todos los detalles de su vida apasionante. Han pasado más de quince siglos y esta emocionante aventura sigue sin envejecer y no envejecerá, porque es verdad.
La Suma Teológica es la obra más madura de Tomás de Aquino, y la más famosa de toda la teología medieval. Su autor subraya en ella las propiedades del ser (unidad, verdad, bondad y belleza), y la primacía de la libertad humana como marco de su pensamiento. Se selecciona en este pequeño volumen varios de sus mejores textos antropológicos, de gran influencia en la historia del pensamiento universal.
Tomás de Aquino (1224-1274) es considerado uno de los grandes filósofos y teólogos de todos los tiempos. Perteneció a la Orden de Predicadores, promovió la filosofía aristotélica y enseñó Teología en la Universidad de París. Es autor, en especial, de la Summa Theologiae y de la Summa contra gentiles. Canonizado en 1323, fue declarado Doctor de la Iglesia católica.
El Tratado sobre la oración es una obra escrita en la época de madurez de Orígenes, y su contenido se ofrece como doctrina bien sazonada. El cuerpo del libro lo constituye una explicación científica del Padrenuestro, precedida y seguida de unas consideraciones generales sobre la oración ofrecidas con un acertado método expositivo. Es el primer libro de este género dentro de la literatura cristiana.
Orígenes (185-253) es sin duda el representante más preeminente de la escuela Alejandrina. Su vida tiene dos etapas bien definidas: en la primera ejerció como director de la escuela con sede en Alejandría, y predicaba las Escrituras siendo él seglar. Después de varios incidentes, abandonó Alejandría y se estableció en Cesarea de Palestina, donde inició su segunda etapa al frente de una escuela fundada y dirigida por él.
Rasgos característicos de Orígenes son su interés por el estudio de la Sagrada Escritura, que trasciende toda su obra, y su formación filosófica. Ese profundo conocimiento lo transmite a través de dos cauces: sus Homilias y sus Comentarios. Su producción literaria es tan variada como fecunda: se habla de más de 2.000 libros; pero la mayor parte no ha llegado hasta nosotros.
Este libro es un canto a la caridad, y una invitación para amar a Jesucristo, en humilde correspondencia al amor que Él nos ha mostrado y nos muestra con su Pasión, y al quedarse como alimento en la Eucaristía.
La mayor parte del libro está dedicada a exponer el íntimo sentido de las dotes de la caridad, que describe San Pablo, y con ese espíritu, el autor llama a amar a Cristo con todas sus consecuencias. Porque quien ama al Señor ama la mansedumbre; huye de la envidia y de la tibieza; es humilde y no se ensoberbece; no se apega a nada de lo creado y no ambiciona más que a Jesucristo; no se irrita contra el prójimo, y todo lo sufre por el Señor, especialmente la pobreza, las enfermedades y los desprecios. En suma, sólo quiere lo que quiere Cristo, cree cuanto Él ha dicho, y todo lo espera de Él.
Alfonso María de Ligorio nació en Marianella, junto a Nápoles, en 1696, en el seno de una familia de abolengo originaria de España. Cursó estudios de derecho, y ejerció con brillantez la abogacía hasta que, en 1723, sintió la llamada de Dios para el sacerdocio. Fue ordenado en 1726 y se consagró por entero a su tarea pastoral.
En 1732 fundó la Congregación Misionera del Santísimo Redentor (redentoristas), y más tarde fue nombrado obispo. Se desvivió por revitalizar la piedad sacerdotal y por cuidar la formación de los seminaristas, y promovió sin descanso el compromiso de los laicos con la fe. Murió en 1787.
Canonizado en 1839, fue proclamado Doctor de la Iglesia en 1871.
Quien esté familiarizado con Chesterton sabrá que sus biografías no son nada convencionales. Es este caso, concluye la vida de santo Tomás en el capítulo 5, cuando todavía queda un tercio de la obra, cosa lógica si hay que debatir con nuestro propio tiempo. Estamos ante un libro de filosofía, de historia, de antropología, de sociología del conocimiento y de crítica cultural, además de una delicia intelectual. Bien se dijo de Chesterton que era un maestro de la paradoja, porque este es un libro sobre nuestro tiempo, tanto o más que sobre la Edad Media.
Gilbert Keith Chesterton (1874-1936) es considerado uno de los narradores más brillantes e ingeniosos de la literatura anglosajona. Crítico, novelista y poeta, trabajó como periodista y fundó su propio semanario, G. K’s Weekly. A su lucidez y habilidad con el lenguaje para crear relatos se suma su fina ironía y su agudo sentido del humor, que lo convierten en un maestro en el uso de la alegoría y de la paradoja. Se convierte al catolicismo en 1922, y escribe entonces las biografías de san Francisco de Asís y de santo Tomás de Aquino.
Egeria es una dama cristiana del siglo IV, viajera y escritora romana, parece que originaria de la provincia de Hispania y probablemente emparentada con el emperador Teodosio el Grande. De ascendencia noble, gozaba de una posición económica acomodada y de una cultura notable. Sus escritos revelan una profunda religiosidad y gozan también de un valor inestimable por su antigüedad, su frescura y su contribución a la arqueología.
En el año 378 inicia una peregrinación a los Santos Lugares, y anota en sus escritos tanto las peripecias del viaje como la descripción de las ceremonias litúrgicas a las que asiste durante su expedición. Este volumen incluye solo la crónica viajera. Egeria sigue las huellas de Moisés, a dieciséis siglos de distancia de lo narrado en el libro del Éxodo. Recorre Egipto, Palestina y Mesopotamia, y también Asia Menor y Constantinopla. Sin pretensión literaria, ayuda al lector a conocer mejor la cuna de la cultura judeocristiana.
Jeremías, el profeta de las lamentaciones, profetizó por cuatro décadas bajo el reinado de los últimos cinco reyes de Judá –de 627 a 587 a.C.–. Su misión: una llamada a la penitencia. Jeremías fue muy poco citado entre los Padres Apostólicos, pero muchos autores posteriores le prestaron, en cambio, bastante atención, incluyendo a Orígenes, Teodoreto de Ciro y Jerónimo, que escribió comentarios personalizados a Jeremías, y Cirilo de Alejandría y Efrén el Sirio, que compiló catenae.
Justino e Ireneo usaron a Jeremías para distinguir entre cristianos y judíos. Atanasio lo usó para los debates trinitarios. Cirilo de Jerusalén, Ireneo, Basilio el Grande y Clemente de Alejandría recurrieron a Jeremías para las exhortaciones sobre ética.
Las Lamentaciones, como se puede suponer, fueron enseguida asociadas con pérdidas y muerte. Destaca en este sentido La oración para el funeral de Melecio de Gregorio de Nisa. Por extensión los Padres vieron las Lamentaciones como una descripción de los retos que afrontan los cristianos en un mundo caído.
Los lectores encontrarán a algunos autores antiguos traducidos aquí por primera vez. A través de ellos obtendrá conocimiento y coraje en la vida de la fe tal como era vista por los ojos de estos veteranos pastores.
Beda es el erudito más significativo de la alta Edad Media, el más profundo conocedor del latín y el griego, la filosofía y la teología, la historia y las matemáticas de su tiempo, finales del s. VII y primera mitad del VIII. Fue un monje que dedicó su vida a rezar, estudiar y enseñar de palabra y por escrito a generaciones de jóvenes en un rincón apartado de la actual Escocia, que, en buena parte gracias a su trabajo, se convirtió en un centro de cultura que contribuiría –como tantos otros en toda Europa– a afianzar la fe cristiana y a salvaguardar de la ciencia greco-latina. En ese monasterio murió el 25 de mayo de 735, víspera de la Ascensión del Señor, cuatro años después de la edición de su obra más famosa: la historia eclesiástica de Inglaterra. Fue proclamado doctor admirabilis por el concilio de Aquisgrán en 836 y el papa León XIII le concedió ese título para la Iglesia universal en 1899.
El gran cuerpo de sus copiosas publicaciones abarca temas histórico-biográficos, didáctico-científicos, poético-literarios y exegéticos.
Entre estas últimas destacan los dos libros de Homilías sobre los Evangelios, cincuenta en total, en las que expone con un estilo claro, sobrio y sincero el sentido literal y alegórico de pasajes tomados de esos cuatro libros sagrados. La actualidad de muchos de sus comentarios se refleja en el hecho de que algunos de sus pasajes siguen utilizándose en la liturgia de las Horas.
La presente traducción es la primera edición íntegra en castellano, y se publica en dos volúmenes debido a su extensión.
Edición bilingüe preparada por Juan Antonio Gil-Tamayo.
Cecilio Cipriano Tascio (comienzos del s. III – 14 de septiembre del 258) se convirtió al cristianismo en edad madura y pronto llegó a ser Obispo de Cartago. Durante un decenio guió con firmeza y autoridad la Igle­sia africana en un periodo de grave crisis, mar­cado por las persecuciones, la peste y los cismas, dando muestras de una gran personalidad cris­tiana y unas dotes admirables de pastor cercano y atento a las necesidades de los fieles. Toda su producción literaria deriva directamente de su celo y actividad pastoral, respondiendo a los problemas y situaciones que afectaban a la co­munidad cristiana africana. Su misión fue co­ronada con la palma del martirio, algo que contribuyó a confirmar y extender su fama más allá de los confines africanos y de su tiempo, hasta constituir una figura ideal de obispo y mártir, considerado por muchos como el mayor teólogo de la «Iglesia» antes del siglo IV, y que representa uno de los testimonios más claros e importantes de la doctrina sobre la communio eclesial y sus implicaciones.
Juan Antonio Gil-Tamayo es profesor de Patrología e Historia de la Iglesia Antigua en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra. Doctor en Teología y Licenciado en Filosofía y Letras (Filosofía), realizó también el bienio de especialización en teología y ciencias patrísticas en el Instituto Patrístico «Augustinianum» de Roma. Ha centrado su campo de investigación en los estudios patrísticos en el ámbito latino.
Beda es el erudito más significativo de la alta Edad Media, el más profundo conocedor del latín y el griego, la filosofía y la teología, la historia y las matemáticas de su tiempo, finales del s. VII y primera mitad del VIII.El gran cuerpo de sus copiosas publicaciones abarca temas histórico-biográficos, didáctico-científicos, poético-literarios y exegéticos. Entre estas últimas destacan los dos libros de Homilías sobre los Evangelios, cincuenta en total, en las que expone con un estilo claro, sobrio y sincero el sentido literal y alegórico de pasajes tomados de esos cuatro libros sagrados. La actualidad de muchos de sus comentarios se refleja en el hecho de que algunos de sus pasajes siguen utilizándose en la liturgia de las Horas. La presente traducción es la primera edición íntegra en castellano, y se publica en dos volúmenes debido a su extensión.