
Ediciones Paidós publica una de las principales obras de la tradición estética norteamericana El arte como experiencia, de John Dewey, nos relaciona el “romanticismo nórdico” y el expresionismo abstracto. No obstante, la estética de Dewey va mucho allá, pues articula la relación entre la sensibilidad estética moderna y las prácticas artísticas, la naturaleza y la vida cotidiana. Su concepción estética nos devuelve a lo que en su día fue la más importante apuesta de la Estética desde la Ilustración: es decir, a la organización de un entramado conceptual que nos permite concebir las experiencias estéticas como manifestaciones de nuestro potencial para desarrollar una vida más digna e inteligente. Una vida en la que el arte no sea un adorno dominical ni un entretenimiento de lujo, sino una manifestación de nuestra sensibilidad.
Los acontecimientos de la historia reciente han vuelto a poner de manifiesto que el mundo en que vivimos no tendrá ninguna posibilidad de desarrollarse en paz mientras siga existiendo un espacio para éticas que, independientemente de su diversidad, se afirmen como opuestas o antagónicas. Un mundo único y globalizado requiere también, ahora más que nunca, un compromiso y una actitud ética fundamentales; no ciertamente una religión o una ideología unitarias, pero sí alguna clase de principios, valores, ideales y fines compartidos, obligatorios y obligantes.
A partir de su estudio de las religiones mundiales, Hans Küng ha dedicado una buena parte de sus esfuerzos durante los dos últimos decenios a la elaboración, difusión y desarrollo del Proyecto de una Ética Mundial, un programa de pensamiento y acción que propone un consenso sobre valores éticos, normas y actitudes que cualquier comunidad, desde la familia hasta la sociedad de las naciones, necesita para convivir humanamente. La propuesta de una ética mundial para la economía y la política, para la educación y el diálogo interreligioso, quiere promover un compromiso que autorice una esperanza realista para el futuro.
Fruto del viaje de Hans Küng a Colombia y México para la presentación de las dos nuevas sedes de la Fundación Ética Mundial en esos países, el presente libro recoge las conferencias que el teólogo y pensador pronunció en distintos foros durante animadas jornadas de trabajo y discusión. Unos textos que quieren contribuir a la difusión y consolidación del Proyecto de una Ética Mundial en América Latina.
Isaiah Berlin, original historiador de las ideas, rescata la inquietante figura de uno de los más incondicionales adversarios de la Ilustración, Johann Georg Hamann. El trabajo de Berlin no sólo saca a la luz un nuevo capítulo del pensamiento reaccionario —en el que Hamann ocupa sin duda un lugar destacado—, sino que sugiere ciertas dimensiones de la reflexión y la expresión que fueron suprimidas por las ideas ilustradas. Hamann, al señalar estas pérdidas —en el ámbito de la creencia, el lenguaje y la corporalidad—, es principalmente un crítico insobornable de todo exclusivismo. La obra y la figura del Mago del Norte —sobrenombre que complacía a Hamann— da que pensar, en especial, en el alcance que Berlin ofrece a sus ideas. "Soy un admirador de los enciclopedistas, los grandes materialistas liberales del siglo XVIII que llevaron a cabo la tarea de burlarse y minar una gran cantidad de cosas oscurantistas y odiosas en la Europa de la época [...]. Voltaire fue el liberador más grande de los tiempos modernos.” El homenaje de Isaiah Berlin a la Ilustración es inequívoco —escribe Henry Hardy en el prólogo a la edición española de esta obra—. Sin embargo, en su reflexión hay una línea crítica al pensamiento ilustrado, particularmente a su confianza en la construcción por la razón humana de un saber “completo”. Una crítica similar podemos encontrar en Popper, pero la reflexión de Berlin presenta características propias, nada afines al carácter popperiano: su atención a las fuentes y al desarrollo del Romanticismo, y su preocupación por la diversidad de las culturas.
Este ensayo trata sobre las relaciones entre el derecho y la justicia, pero también entre el poder, la autoridad y la violencia. La justicia no se agota nunca en las representaciones y las instituciones jurídicas que intentan ajustarse a ella. Lo justo trasciende siempre lo jurídico, pero no hay justicia que no "deba" inscribirse en un derecho, en un sistema y en una historia de la legalidad, en la política y en el Estado. No quita que, a su vez, el derecho prime sobre la fuerza; éste es su deber, no hay derecho que no implique por sí mismo su aplicación, una técnica y, en consecuencia, la posibilidad de la guerra. Lo recuerda Kant: no hay derecho sin coacción. Lo que pretende tener "fuerza de ley" inscribe así la apelación a la fuerza en el concepto mismo de su autoridad. El riesgo de tiranía acecha ya desde el origen de la ley. Recuperando una expresión de Montaigne, Pascal hablaba de un «fundamento místico» de la autoridad: «aquel que lleva a ésta a su principio, la aniquila». Y esta aniquilación se puede llevar por vías múltiples. De lo que se trata aquí es de analizar esa multiplicidad. La primera parte de este texto, “Del derecho a la justicia”, fue leída en la apertura de un coloquio organizado por Drucilla Cornell en la Cardozo Law School en octubre de 1989 bajo el título “Deconstruction and the Possibility of Justice”, que reunió a filósofos, teóricos de la literatura y juristas (en particular, pertenecientes al movimiento denominado “Critical Legal Studies”). La segunda parte del texto, “Nombre de pila de Benjamin”, no fue pronunciada en dicho coloquio pero su texto fue distribuido entre los participantes.
El ensayo filosófico Sobre la paz perpetua, publicado por Kant en 1795, poco después de la paz de Basilea entre Francia y Prusia, esboza un orden de paz permanente entre los Estados que se presenta, asimismo, como la meta final de la historia humana. Desde esta meta final de la paz perpetua se explica también la necesidad de una constitución republicana en cada Estado, necesaria, a su vez, para el desarrollo en plenitud de las disposiciones naturales antagónicas del hombre (su insociable sociabilidad). La instauración de la paz perpetua cuenta, por tanto, con la garantía última que ofrece la propia naturaleza humana al utilizar el antagonismo como una argucia hacia la concordia. Si bien esta garantía no es suficiente para vaticinar un futuro de paz, sí lo es para obligar a los hombres a trabajar en la consecución de ese anhelado fin. La paz permanente entre los Estados se revela, por tanto, como el corolario indispensable de la conjunción de los principios de la política interna y de la política exterior. Este pequeño ensayo remite necesariamente a otras obras de Kant, anteriores y posteriores a 1795, en las que desarrolla más detalladamente su filosofía de la Historia, así como su concepción del Estado y del Derecho.
Se puede considerar este libro, que ahora se presenta al público de habla hispana, como la más importante biografía genética e histórica -traducida ya a diferente idiomas- sobre el gran filósofo y teólogo. Presenta cada una de la obras de este autor en su propio contexto intelectual y situación histórica. Asimismo resume lo esencial de la investigación sobre el Aquinate hasta el momento y aporta abundante bibliografía crítica. Muestra la doble faceta inseparable que Tomás de Aquino de filósofo y teólogo