
«Al despertar Gregorio Samsa una mañana, tras un sueño intranquilo, se encontró en su cama convertido en un monstruoso insecto.» Tal es el abrupto comienzo, que nos sitúa de raíz bajo unas reglas distintas, de "La metamorfosis", sin duda alguna la obra de Franz Kafka que ha alcanzado mayor celebridad. Escrito en 1912 y publicado en 1916, este relato es considerado una de las obras maestras del siglo xx por sus innegables rasgos precursores y el caudal de ideas e interpretaciones que desde siempre ha suscitado. Completan este volumen los relatos «Un artista del hambre» y «Un artista del trapecio».
El presente libro es la actualización del volumen que la BAC publicó en 1960 bajo el título Obras del Doctor Sutil Juan Duns Escoto: Dios uno y trino, con texto bilingüe de castellano y latín. Dicha publicación contiene la traducción del texto auténtico de los dos primeros volúmenes de la edición crítica de la Comisión Escotista de Roma. Se incluye además el Tratado del Primer Principio según el texto crítico de Mariano Müller y de Evan Roche. Aquella publicación de hace 50 años recoge textos muy importantes del Doctor Sutil que ahora la misma editorial quiere actualizar para ofrecer nuevamente al público la riqueza del pensamiento filosófico-teológico de uno de los más egregios maestros del Medioevo.
Los artículos publicados por Herbert Marcuse entre 1929 y 1931, inéditos hasta el momento en castellano, constituyen un momento de gran originalidad en la filosofía del siglo XX. En ellos puso en diálogo ideas procedentes de la hermenéutica (Dilthey y el primer Heidegger) y del pensamiento crítico (Marx, Korsch y Lukács).
El objetivo de Marcuse en esta original y arriesgada empresa fue repensar las bases filosóficas de la teoría social de matriz marxista, para devolverle un alcance crítico devaluado por el marxismo ortodoxo y por los diversos revisionismos dominantes en su época.
El resultado es una aportación a la teoría social que anticipa importantes aspectos de la teoría crítica de la sociedad desarrollada por Horkheimer y por el propio Marcuse en Nueva York en los años 30. Pero, al mismo tiempo, estos textos escritos por el que fue asistente de M. Heidegger en Friburgo, testifican la permanencia de los problemas heideggerianos como las tensiones que provocaron en su proyecto de renovación crítica de la teoría de la sociedad.
José Manuel Romero Cuevas es investigador del Programa Ramón y Cajal en la Universidad de Alcalá. Entre otros libros, es autor de Crítica e historicidad (2010) y editor de H. Marcuse y los orígenes de la teoría crítica (2010).
INDICE ABREVIADO
Introducción. Origen y naturaleza de la filosofía antigua. Mito y logos. División de la filosofía antigua. Fin del estudio histórico.
Primera parte: Los presocráticos.
I. Los Jonios y Heráclito.- II. Los Pitagóricos.- III. Los Eléatas.- IV. Los Pluralistas
Segunda parte: El humanismo griego
I. Los Sofistas.- II. Sócrates
Tercera parte: Platón.- I. Vida y obras.- II. Metafísica y filosofía de la naturaleza.- III. Ética y política.
Cuarta parte: Aristóteles
I. Vida y obras.- II. La lógica.- III. La física.- IV. La metafísica.- V. La causa primera.- VI. Los vivientes y el hombre.- VII. La ética
Quinta parte: El Helenismo.
I. El epicureísmo.- II. Los estoicos.- III. El escepticismo
Sexta parte: La filosofía en la edad imperial.
I. Filón de Alejandría.- II. Plotino.- III. Las escuelas neoplatónicas.
Séptima parte: Cultura griega y fe cristiana
I. El ecncuentro de la cultura griega con la fe cristiana.- II. Los grandes problemas filosófico-teológicos.
Cuadro Cronológico
Bibliografía
Índice de autores modernos.
Casi todos los comentaristas de este famoso texto , lo han considerado una de las mejores exposiciones sintéticas de la filosofía del Aquinate. Verdadero compendio filosófico, en el que están expresadas explícita y claramente la mayor parte de las tesis fundamentales de Santo Tomás.
El presente volumen, tercero de la obra, abarca cuatro siglos sumamente densos en acontecimientos de importancia capital para el desarrollo de la filosofía. Una serie de mutaciones fundamentales, estrechamente enlazadas entre sí, determina un cambio profundo en todos los órdenes del pensamiento y de la vida, tanto individual como social.
En el aspecto negativo se acentúa el alejamiento respecto a la Edad Media, inspirada hasta entonces en el espíritu cristiano. Los valores sobrenaturales son sustituidos por un concepto radicalmente naturalista del hombre y de la sociedad. La filosofía, el derecho, la política, se desligan del cristianismo y acentúan cada vez más su independencia y su sentido autónomo, al margen y en creciente oposición respecto de toda consideración de carácter trascendente.
A su vez, dentro de la misma filosofa se opera una profunda disociación. Mientras que los «filósofos» continúan, con escasas variantes, agitando los problemas tradicionales, si bien con un espíritu ya muy distinto, a partir del siglo XVII prevalece en los «científicos» el interés por la investigación de la naturaleza física, aplicando el método matemático y experimental. Partes de la ciencia, apenas esbozadas en siglos anteriores, adquieren entonces un desarrollo espectacular.
Sin embargo, la línea de continuidad no se interrumpe. El Humanismo completa la labor medieval de recuperación de la Antigüedad. La escolástica se renueva y vive uno de sus periodos más ricos y fecundos. El nominalismo es el precursor inmediato del nacimiento de las ciencias experimentales. Pero, sobre todo, la fuerte corriente neoplatonizante derivada de la Edad Media atraviesa esos siglos en sus pensadores más destacados, a través de los cuales se transmitirá el hegelianismo y a sus derivaciones en el siglo XIX, contribuyendo a acentuar su contraposición a las «ciencias». De esta manera, el campo de la llamada «filosofa» se va restringiendo cada vez más, acabando por ocupar de hecho el lugar y la función que en la clasificación aristotélica correspondía a la teología como ciencia de la realidad trascendente.
El balance positivo de estos siglos hay que buscarlo sobre todo en las ciencias matemáticas y experimentales. En otros órdenes, su interés consiste más en la novedad de las actitudes y en la variedad de las tentativas que en la riqueza de los resultados conseguidos.
Hoy la idea de ley divina se ha vuelto extraña e incluso, para algunos, ofensiva. Sin embargo, ha dominado las creencias y las costumbres durante casi tres milenios. La alianza entre Dios y la ley, forjada en la Grecia antigua y en la tradición bíblica, ha asumido formas diferentes en el judaísmo, el cristianismo y el islam. Rémi Brague describe en La ley de Dios la larga génesis de esta alianza, su desarrollo en cada una de las tres religiones medievales, y finalmente de su disolución con la modernidad europea, a través de la relectura de los textos fuentes de la filosofía y el pensamiento religioso. En el judaísmo de la diáspora, la Ley se erigía como la única presencia de Dios en medio de un pueblo que había perdido su reino y su Templo: coincidía con Dios. Es con el cristianismo cuando nace y se desarrolla su separación. El Dios cristiano ya no es solamente el legislador del tiempo de los judíos, es la fuente de la conciencia humana y comunica la gracia que permite obedecer a la ley. Esta separación dará posteriormente forma a las instituciones políticas de la cristiandad medieval, tanto al Imperio como a la Iglesia. Por el contrario, el islam se convertirá cada vez más en una religión centrada completamente sobre la Ley, que preside el conjunto de las prácticas de los hombres a partir de la caída del califato. A diferencia de las dos religiones bíblicas, aquí es Dios quien debe dictar directamente la Ley. Con la modernidad, la alianza entre Dios y la ley será denunciada y después expulsada de la ciudad: nuestro Dios ya no es legislador, nuestra ley ya no es divina. Pero ¿cómo es un mundo, como el nuestro, en el que el hombre se concibe como único soberano? ¿Cómo una ley sin huella de lo divino puede ofrecer razones para vivir?
Tras ejercer como profesor de filosofía en la universidad de Jena, Fichte tuvo que abandonar su cátedra en 1799 a causa de las acusaciones de ateísmo (panteísmo, spinozismo) vertidas contra su filosofía.
Un año después, ya en Berlín, publica El destino del hombre, con el fin de hacer llegar sus ideas a cualquiera que «sencillamente sea capaz de comprender un libro». El resultado final supera, sin embargo, estas humildes expectativas, ya que el lector asiste sorprendido a un genial y riguroso ejercicio de filosofía primera.
En dicho ensayo, Fichte aborda alguna de las cuestiones que se habían planteado en la triste disputa de Jena sobre «el ateísmo», pero también se ocupa de la difícil fundamentación del yo a partir de la acción. La obra reviste, por otra parte, un interés historiográfico, ya que ayuda a entender la evolución del idealismo alemán. No obstante, su mayor logro consiste en plantear con gran libertad literaria cuestiones que siguen siendo centrales para la filosofía actual: la conciencia inmediata, la intuición, la intersubjetividad o la existencia misma de una conciencia moral.
La obra muestra cómo los escritos que Santo Tomás de Aquino realizó en su madurez, aunque datan del siglo XIII, tienen mucho que ofrecer al lector de filosofía moderna interesado en la naturaleza de la mente humana, y en la relación entre el intelecto y el deseo, entre el cuerpo y el alma. Kenny hace accesibles aquellas partes del sistema de Santo Tomás que tienen un valor perdurable. No presupone conocimiento alguno de latín o de historia medieval, y refiere el sistema de Santo Tomás a una tradición de filosofía de la mente que Wittgenstein y Ryle inauguraron en la comunidad anglo-americana. En una reflexión introductoria, Kenny plantea la pregunta por qué es pertinente volver a estudiar a Tomás de Aquino en el presente. La respuesta que ofrece se divide en dos puntos. Por un lado, se puede caracterizar el pensamiento de Aquino como precursor de la filosofía analítica anglo-sajona "bajo el interrogante ¿Qué podemos saber" a diferencia de la pregunta propia a la tradición hermenéutica: ¿Cómo sabemos?
Kenny demuestra, gracias a su larga dedicación al estudio de la obra de Aquino, que su teología y su fe son compatibles con una filosofía "mundana"; despierta el interés por Aquino y da una orientación muy clara a través de la obra tan inmensa de Santo Tomás.
El libro guarda cierta relación con Acción y conducta de Stephen L. Brock, recientemente publicado por Herder. Al mismo tiempo las dos obras no se sobreponen en absoluto, sino que se complementan de forma excelente. Evidentemente, también se trata de pautas diferentes, ya que Kenny reconstruye una filosofía de la mente y Brock una filosofía de la acción.