
Magistral canto elegíaco a la espiritualidad de otros tiempos, en COMPOSTELA Y SU ÁNGEL (1948) Gonzalo Torrente Ballester funde lo real con el mito y la leyenda, cristiana y pagana. La creación de un mundo lírico, fantástico y conmovedor, en el que no faltan los apuntes humorísticos, no excluye la reflexión sobre la compleja historia arquitectónica, política y religiosa, de la ciudad jacobea, ni el testimonio de las impresiones que sobre ella han dejado destacados visitantes, redondeando una obra en la que adquiere cabal plasmación la presencia de lo maravilloso en lo cotidiano.
Poema al que Virgilio (70-19 a.C.) dedicó los diez últimos años de su vida e inscrito, siquiera en su origen, en la empresa de reconstrucción nacional acometida por Augusto tras su triunfo sobre Antonio, la Eneida es una recreación literaria de la poesía épica que arranca de Homero. En ella se superponen con maestría diferentes planos, como el relato de las aventuras de Eneas, el héroe troyano que sobrevivió a la caída de Troya -con episodios tan inmortales como el de sus amores con Dido, reina de Cartago-, la identificación con el arquetipo de Augusto y, ante todo, la profundización en los problemas fundamentales de la vida y la muerte, resultando en conjunto una de las obras fundamentales de la cultura occidental.
Impresor, piloto de un vapor en el Mississippi, soldado confederado, buscador de metales preciosos, periodista e infatigable conferenciante, Mark Twain (1835-1910) llegó a ser el escritor más popular de su país y un mordaz observador de sus contemporáneos. Tejidas en torno a la evocación de la infancia del autor a orillas del Gran Río, el Mississippi, “Las aventuras de Tom Sawyer” es una de las más conseguidas imágenes de ese mundo de sueños, injusticias, rebeldías e ilusiones de la edad que precede a la responsabilidad y al escepticismo.
Esta obra insólita, un auténtico estímulo para la lectura, ha sido uno de los grandes fenómenos de la edición francesa reciente. Pennac, profesor de literatura en un instituo, se propone una tarea tan simple como necesaria en nuestros días: que el adolescente pierda el miedo a la lectura, sea por placer, que se embarque en un libro como en una aventura personal y libremente elegida. Todo ello escrito como un monólogo desenfadado, de una alegría y entusiasmo contagiosos: "En realidad, no es un libro de reflexión sobre la lectura -dice el autor-, sino una tentativa de reconciliación con el libro".
Este antimanual de literatura concluye con un decálogo no de los debederes, sino de los derechos imprescindibles del lector (derecho a no terminar un libro, a releer, etc., incluso a no leer).
"Pennac demuestra que se pueden escribir ensayos evitando toda jerga y toda pedantería: Como una novela se lee realmente como una novela" (Jacques Nerson, Le Figaro).
Las “Novelas ejemplares” publicadas en 1613 constituyen, según indica el propio autor, el primer ejemplo de relato corto en la literatura castellana, de acuerdo con el significado en esa época de la palabra “novela”. Entre las doce novelas que componen la colección se encuentran señaladas diferencias; algunas están próximas a modelos italianos, otras suponen una notable profundización tanto psicológica y social como estilística; todas son pequeñas obras maestras concebidas por el ingenio de Cervantes. Esta edición sigue la edición príncipe de Juan de la Cuesta y corrige las posibles erratas.
A punto de incorporarse a su antiguo tercio en Flandes, Diego Alatriste se ve envuelto por mediación de su amigo don Francisco de Quevedo en otra peligrosa aventura. Una mujer ha aparecido estrangulada en una silla de manos frente a la iglesia de San Ginés, con una bolsa de dinero y una nota manuscrita: Para misas por su alma. El enigma se complica con los sucesos misteriosos que ocurren tras las paredes de un convento, cuando Alatriste es contratado para rescatar de allí a una joven novicia. En el azaroso y fascinante Madrid de Felipe IV, entre lances, tabernas, garitos, intrigas y estocadas, la aventura pondrá en juego la vida de los amigos del capitán, haciendo surgir del pasado los fantasmas de viejos enemigos: el pérfido secretario real Luis de Alquézar, el inquisidor fray Emilio Bocanegra y el siniestro espadachín italiano Gualterio Malatesta.