
¿Por qué los primeros cristianos estaban dispuestos a defender hasta la última palabra del Credo, incluso con su propia vida? ¿Por qué sigue sucediendo lo mismo en la actualidad? ¿Por qué los judíos, romanos y persas, entre otros, consideraban el credo cristiano como una amenaza al orden social establecido? Scott Hahn, en este libro, trata de explicar de dónde procede su carácter revolucionario. Ahondando en las primeras formulaciones de fe llevadas a cabo por la Iglesia primitiva, y más tarde por los concilios ecuménicos, El Credo narra la historia de una fórmula que reúne el dogma cristiano, ayuda a prepararse para el cielo, y muestra cómo vivir aquí en la tierra.
Scott W. Hahn es profesor de Teología y Sagrada Escritura en la Franciscan University de Steubenville (Ohio), y ha sido nombrado por el Papa Benedicto XVI catedrático de Teología Bíblica y Proclamación Litúrgica del Saint Vincent Seminary (en Latrobe, Pennsylvania). Está casado y es padre de seis hijos. Entre sus libros, cabe destacar: Roma, dulce hogar; La Cena del Cordero; Dios te salve, Reina y Madre; Lo primero es el amor; Señor, ten piedad, Comprometidos con Dios, Trabajo ordinario, gracia extraordinaria, La alegría de Belén y La fe es razonable, todos ellos publicados por Rialp.
Scruton inicia este estudio sobre los fundamentos de la Nueva Izquierda en 1985, publicando un libro con este mismo nombre. En él analizaba a Sartre y Foucault, Habermas, Galbraith y Gramsci. Ha revisado el texto, incluyendo a pensadores de influencia creciente como Lacan, Deleuze y Guattari, Said, Badiou. La edición de 1985 fue controvertida y recibió numerosas críticas en los círculos intelectuales europeos, por su estilo provocativo. Mientras tanto -eran los años de la caída del Muro-, era traducido en numerosos países de herencia comunista. Scruton trata de explicar 'qué hay de bueno en los autores que trato, y qué hay de malo. Mi esperanza es que el resultado pueda beneficiar a lectores de todas las opciones políticas'. Roger Scruton es doctor en Filosofía por la Universidad de Cambridge, y especialista en Estética. Ha sido profesor en Birkbeck College (Londres) y en las universidades de Boston y St. Andrews. Es fundador y editor del periódico The Salisbury Review, y fundador del Claridge Press. Miembro del consejo editorial del British Journal of Aesthetics e investigador del Ethics and Public Policy Center, es autor de más de cuarenta libros, entre ellos, El alma del mundo, publicado también en Rialp.
Cómo mejorar la propia personalidad, la autoestima y la virtud, sin imitar modelos que nos alejan de nuestra propia identidad. Cómo vivir una vida más feliz y más coherente, y adquirir una mayor empatía con quienes nos rodean, en especial con nuestra propia familia, en el entorno del hogar.
Los autores, con larga experiencia en sus propios ámbitos, se dirigen de manera especial a lectores con una espiritualidad cristiana, ofreciendo pautas para avanzar con eficacia en la búsqueda de la felicidad: Alfonso Aguiló, Carlos Ayxelà, José María Barrio, José Benito Cabaniña, Javier Cabanyes, Juan Ramón García-Morato, Javier Láinez, Javier Sesé, Rodolfo Valdés, Wenceslao Vial (Ed.).
Equivocarse es humano. Y como el hombre es un ser social, sus errores repercuten en los demás, originando un mayor o menor sufrimiento. Hay muchas maneras de reaccionar ante la ofensa o el error ajeno. Podemos «pagar con la misma moneda», pero también podemos perdonar. El autor analiza de modo divulgativo las manifestaciones y el sentido del perdón, y las consecuencias que produce en la salud de quien perdona.
Javier Schlatter es Licenciado en Medicina y Cirugía por la Universidad de Cádiz, y subdirector del departamento de Psiquiatría y Psicología Médica en la Clínica Universitaria de Navarra. Es autor de varios libros sobre la ansiedad y el estrés, y especialista en los trastornos de la afectividad y en las bases biológicas de la depresión y de las fobias.
Este estudio es una amplia monografía sobre la jurisdicción cuasi episcopal ejercida durante siglos por la abadesa del Monasterio de Las Huelgas, en Burgos. Su autor, Josemaría Escrivá, canonizado por la Iglesia Católica en 2002, es bien conocido en el ámbito de la espiritualidad, pero menos en el científico e investigador. Este volumen añade a su texto original un comentario crítico-histórico, en el marco de la edición crítica de sus obras completas.
Edición preparada por: María Blanco es catedrática de Derecho Eclesiástico del Estado en la Universidad de Navarra. Autora, entre otras publicaciones, de cinco monografías de contenido histórico-jurídico y de numerosos artículos, es miembro del Comité científico de varias revistas y Académica Correspondiente de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación. Y María del Mar Martín es profesora titular de Derecho Eclesiástico del Estado en la Universidad de Almería. Ha publicado numerosos trabajos de Derecho Canónico, Estatal y Comparado.
La Suma Teológica es la obra más madura de Tomás de Aquino, y la más famosa de toda la teología medieval. Su autor subraya en ella las propiedades del ser (unidad, verdad, bondad y belleza), y la primacía de la libertad humana como marco de su pensamiento. Se selecciona en este pequeño volumen varios de sus mejores textos antropológicos, de gran influencia en la historia del pensamiento universal.
Tomás de Aquino (1224-1274) es considerado uno de los grandes filósofos y teólogos de todos los tiempos. Perteneció a la Orden de Predicadores, promovió la filosofía aristotélica y enseñó Teología en la Universidad de París. Es autor, en especial, de la Summa Theologiae y de la Summa contra gentiles. Canonizado en 1323, fue declarado Doctor de la Iglesia católica.
El Tratado sobre la oración es una obra escrita en la época de madurez de Orígenes, y su contenido se ofrece como doctrina bien sazonada. El cuerpo del libro lo constituye una explicación científica del Padrenuestro, precedida y seguida de unas consideraciones generales sobre la oración ofrecidas con un acertado método expositivo. Es el primer libro de este género dentro de la literatura cristiana.
Orígenes (185-253) es sin duda el representante más preeminente de la escuela Alejandrina. Su vida tiene dos etapas bien definidas: en la primera ejerció como director de la escuela con sede en Alejandría, y predicaba las Escrituras siendo él seglar. Después de varios incidentes, abandonó Alejandría y se estableció en Cesarea de Palestina, donde inició su segunda etapa al frente de una escuela fundada y dirigida por él.
Rasgos característicos de Orígenes son su interés por el estudio de la Sagrada Escritura, que trasciende toda su obra, y su formación filosófica. Ese profundo conocimiento lo transmite a través de dos cauces: sus Homilias y sus Comentarios. Su producción literaria es tan variada como fecunda: se habla de más de 2.000 libros; pero la mayor parte no ha llegado hasta nosotros.
Este libro es un canto a la caridad, y una invitación para amar a Jesucristo, en humilde correspondencia al amor que Él nos ha mostrado y nos muestra con su Pasión, y al quedarse como alimento en la Eucaristía.
La mayor parte del libro está dedicada a exponer el íntimo sentido de las dotes de la caridad, que describe San Pablo, y con ese espíritu, el autor llama a amar a Cristo con todas sus consecuencias. Porque quien ama al Señor ama la mansedumbre; huye de la envidia y de la tibieza; es humilde y no se ensoberbece; no se apega a nada de lo creado y no ambiciona más que a Jesucristo; no se irrita contra el prójimo, y todo lo sufre por el Señor, especialmente la pobreza, las enfermedades y los desprecios. En suma, sólo quiere lo que quiere Cristo, cree cuanto Él ha dicho, y todo lo espera de Él.
Alfonso María de Ligorio nació en Marianella, junto a Nápoles, en 1696, en el seno de una familia de abolengo originaria de España. Cursó estudios de derecho, y ejerció con brillantez la abogacía hasta que, en 1723, sintió la llamada de Dios para el sacerdocio. Fue ordenado en 1726 y se consagró por entero a su tarea pastoral.
En 1732 fundó la Congregación Misionera del Santísimo Redentor (redentoristas), y más tarde fue nombrado obispo. Se desvivió por revitalizar la piedad sacerdotal y por cuidar la formación de los seminaristas, y promovió sin descanso el compromiso de los laicos con la fe. Murió en 1787.
Canonizado en 1839, fue proclamado Doctor de la Iglesia en 1871.