
Luis M. Martínez desvela la conexión entre el dolor y la alegría en un camino espiritual profundo. Inspirado en ejercicios espirituales, este libro eleva la fe al transformarla en un vínculo inquebrantable con Dios?.
Este volumen contiene los últimos ejercicios espirituales impartidos por el autor a Concepción Cabrera de Armida, beatificada en 2019 en la basílica de Guadalupe (México). El texto revela a dos almas santas – director y dirigida –, y por ese motivo se ofrece ahora sin apenas adaptación.
La beata Concepción Cabrera padeció numerosas penalidades, en especial durante el último año de su vida, cuando realiza estos ejercicios. Consumada en la unidad, entró finalmente en la perfecta alegría, que no está en el dolor, como en la tierra, sino en el supremo amor de la bienaventuranza eterna.
Florentino Pérez Embid (1918-1974) fue consejero de Juan de Borbón, diputado en las Cortes de Franco, director general de Información y director general de Bellas Artes.
Fue catedrático de Historia de América y rector de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, y perteneció a una generación empeñada en favorecer la conexión de España con los países americanos y europeos.
Su vinculación al Opus Dei en 1943 representó un elemento relevante para entender su manera de trabajar y de inspirarse en sus acciones cotidianas. Fue la primera persona del Opus Dei en ocupar un cargo público (en 1951 y como director general de Información), mucho antes de los llamados tecnócratas.
El autor ha consultado numerosos archivos y ha tenido acceso a documentación inédita, lo que le ha permitido esclarecer pasajes poco conocidos de su vida, tales como la promoción de jóvenes valores (por ejemplo, Jesús de Polanco y Carmen Díez de Rivera), las gestiones para la llegada a España del Guernica de Picasso, o la dirección de Ediciones Rialp y de la revista Atlántida.
En términos filosóficos, un planteamiento sin crítica es un planteamiento estéril. Peor aún, superfluo. Lo más relevante de la contribución de Pieper se desgrana en este texto, por su capacidad comunicativa y su búsqueda de la verdad. Pieper hace fácil lo difícil, trata de descifrar el misterio con simplicidad, y en eso recuerda a Tomás de Aquino. Por eso su atractivo no deja de crecer.
El descubrimiento de la realidad es un estudio sobre el fundamento de la ética. Incluye dos ensayos: “La realidad y el bien” y “La verdad de las cosas”. El término “descubrir” alude a algo que merece ser visto tal cual es. Y el horizonte de la actividad humana es “la realidad”, el ser. Por eso Tomás de Aquino fundamenta la moral en la aceptación de la verdad de las cosas. El bien, dice Pieper, “es lo conforme con la realidad”, y tiene por ese motivo una profunda fuerza de irradiación.
Detengámonos un momento e intentemos pensar en la frecuencia con la que nos encontramos abrumados por deberes y plazos, sin tiempo para nosotros mismos. ¿Cuántas veces buscamos un equilibrio adecuado entre velocidad y lentitud, y nos concedemos algo de silencio y de aburrimiento? Son dos dimensiones temidas, pero también necesarias e inevitables.
¿Cuándo fue la última vez que nos detuvimos a reflexionar sobre nuestra felicidad y contemplamos las maravillas que hay a nuestro alrededor? La belleza del arte, la plenitud de una castidad que es libertad y posesión, amor y amistad...
En un mundo sufriente en el que el hombre se ha colocado por encima de toda criatura, deberíamos, con humildad, aprender del pequeño caracol, y redescubrir nuestro ritmo natural, escucharlo, respetarlo.
Partiendo del éxito de su catequesis sobre “los cinco pasos del misterio”, Maurizio Botta nos invita a meditar la grandeza de la vida cotidiana y la necesidad de proteger un espacio de serenidad en el frenesí de nuestro tiempo.
Las obras de autores como Tolkien, Shakespeare, Dickens o Austen nunca pasan de moda: ofrecen al lector “una escuela de vida”.
Como en sus libros anteriores, el autor trata de mostrar cómo las cumbres de la literatura universal ayudan a redescubrir el sentido de la existencia y a distinguir lo bueno de lo malo, lo verdadero de lo falso, lo bello de lo feo.
Shakespeare, Scott, Austen, las hermanas Brontë, Dickens, George Eliot y Tolkien tienen mucho que decirnos a quienes transitamos por este mundo en el siglo XXI. Son clásicos: sus obras nunca pasan de moda, y ofrecen al lector “una escuela de vida”.
Mariano Fazio (Buenos Aires, 1960) es historiador y filósofo, y Profesor de Historia de las Doctrinas Políticas en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz. Ha sido el primer decano de la Facultad, y rector magnífico de dicha universidad. Actualmente vive en Roma, donde trabaja como vicario auxiliar del Opus Dei.
Su nombre es santo
A los católicos se les enseña a valorar la santidad, a admirarla en los demás y a luchar por ella en sus propias vidas. Pero apenas se habla de qué es la santidad.
En este libro, Scott Hahn busca defnir el término, para ayudarnos a comprender mejor nuestra relación con la santidad. Al rastrear su signifcado, primero en el Antiguo Testamento y luego en el Nuevo, el autor revela magistralmente cómo Dios transmite gradualmente su santidad a su pueblo (a través de la creación, la adoración, etc.) y fnalmente
La pobreza, la ignorancia y la violencia son obstáculos para expresar las propias ideas y perdonar a los demás. Ambas cosas son indispensables, como lo es perpetuar nuestra existencia.
Buscar lo indispensable ha sido un reto constante en la historia de la humanidad. La pobreza, la ignorancia y la violencia son obstáculos para expresar las propias ideas y perdonar a los demás. Ambas cosas son indispensables, como lo es perpetuar nuestra existencia, pero ignoramos qué sucede tras la muerte.
El autor trata sobre esas riquezas indispensables, tanto materiales, racionales o espirituales, y sobre el modo de afrontar su escasez. Acude, para ello, a numerosas historias reales.
Sobre Cristian Mendoza (Escritor)
Cristian Mendoza es profesor de Doctrina Social de la Iglesia en la Facultad de Teología de la Universidad Ponti? cia de la Santa Cruz (Roma), y de Dimensión Económica de la Iglesia en la Facultad de Comunicación Social Institucional. Es profesor visitante en IPADE Business Schoo
El celibato ha sido y es fuente de vida cristiana en el mundo, y la Iglesia lo considera un carisma superior al don del matrimonio.
Recomendado por el mismo Jesucristo, la Iglesia considera el celibato un carisma superior al matrimonio, y ha sido siempre –en sus múltiples formas– fuente de vida cristiana en el mundo.
¿Cómo entender el lugar que ocupa en los planes salvadores de Dios? ¿Qué razones hay para seguirlo, si el matrimonio es verdadero camino de santidad y un modo maravilloso de contribuir a extender el reino de Dios?
Ratzinger aborda la conexión entre libertad individual y justicia social, o democracia y Estado, en una sociedad donde el relativismo y el poder de la mayoría pretenden relegar los valores absolutos.
Los tres artículos reunidos en este breve libro surgen por motivos muy distintos, pero en el fondo de todos ellos late un mismo mensaje. Ratzinger aborda la conexión entre libertad individual y justicia social, conciencia y verdad, o democracia y Estado, en un mundo en el que la subjetividad y el poder de la mayoría pretenden relegar a los valores absolutos.
En el curso de la lúcida argumentación del autor, dos principios básicos ?la verdad y el bien? se alzan como fundamento y garantía de una conciencia recta, de la libertad y los derechos humanos, y de una sociedad justa y pluralista.
El término “humanismo” está obsoleto. El nuevo “humanismo”, vacío de sustancia, se extiende como un cáncer. ¿Hay solución a este problema, quizá desde una mirada cristiana?
Atravesamos una “crisis del humanismo”. El término está casi obsoleto. Su dificultad para respirar no proviene de discursos despectivos hacia el hombre, no nos equivoquemos. Es a través de la “compasión” como este nuevo humanismo, vaciado ya de sustancia, se extiende como un cáncer. Al querer ser mejor humano, sólo humano, demasiado humano, el hombre moderno genera quimeras.
El nuevo hombre soñado por los regímenes fascistas o soviéticos era un anticipo del hombre aumentado con el que sueñan los transhumanistas; de la misma manera, el Untermensch (“infrahumano”, como llamaban los nazis a los no arios) encuentra hoy sus avatares en una muchedumbre que no se ajusta al proyecto deseado para la humanidad. La tentación de definir al hombre a partir de sí mismo lo relega a esa condición inferior. Sólo una imagen del hombre que lo salva impide esta división idólatra ¿Por qué?